Muchas veces, pasando por la calle 25 de Mayo, diviso el local del Partido Colorado. Durante todo el tiempo que lo tuve que observar me he permitido varias reflexiones y recuerdos. El último es el que sigue…Por CARLOS COLOMBINO

Hace cincuenta años -más o menos- el arquitecto José Luis Escobar, al término de una clase de arquitectura, se acercó a mí y me dijo: «Me han contratado para diseñar el local del Partido Colorado. ¿Qué te parece?»

No sé por qué a Escobar se le ocurrió consultarme semejante cosa. Quizás por aquello de que de todos sus alumnos era yo el que tenía (y tengo) ojos de lagartija.

Yo contesté: «Arquitecto, creo que sería un desacierto. La arquitectura moderna está para enviar un nuevo mensaje a la comunidad».

Él contestó que el edificio después de mucho tiempo podría pasar a ser un Centro Cultural, una biblioteca, un sitio para el pensamiento o el arte.

-Qué va -dije- pasará a ser un símbolo de la dictadura.

Pasaron estos cincuenta años. Escobar se ha ido, y yo paso frente al edificio bastardeado, maquillado, estropeado, convertido en una cueva de circo en retirada. Todos con una llave, un candado y una trifulca por el sillón presidencial.

Aquí, en este terreno, existió una hermosa quinta resguardada por una verja. Atrás, los árboles y el silencio. En algún momento sentí las banderas rojas del fascismo ondear sobre el verde de las columnas de Escobar. Ahora, arriba, otro horroroso mural de los que están llenando la ciudad de Asunción. Espero que alguien, dentro de 50 años, encuentre en este lugar un pacífico recinto para la sabiduría y la democracia.

Lo agradeceremos desde nuestras cenizas.

¡Ah, y que el mural haya desaparecido -Amén! (Fuente: www.uhora.com.py)

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