Los ladrillos comunes que se fabrican y comercializan en el mercado nacional son cada vez más chicos y menos resistentes. Bajo un absoluto descontrol, lejos están de cumplir la norma paraguaya que busca garantizar la calidad y más se parecen a un pan de manteca.

En la norma paraguaya numero 129 están detalladas todas las especificaciones técnicas relativas a los ladrillos cerámicos macizos de uso común en las construcciones.

El documento -que se adquiere a un costo de G. 9.000 en el INTN- define las características que deben tener los ladrillos de clase A, que por ser los de mayor calidad no deben presentar ningún tipo de imperfecciones y cumplir estrictamente con las especificaciones de color, textura y resistencia.

Para los ladrillos clase B, las exigencias estéticas son más flexibles, mientras que en la clase C entran todos aquellos ladrillos que no clasifican en las categorías anteriormente citadas.

Para las tres clases (A ,B y C), la norma establece las mismas dimensiones que son las siguientes: Longitud 26 cm (+/- 1 cm de tolerancia), ancho 12,5 cm , y un espesor de 5,5 cm (+/- 0,5 cm de tolerancia).

Aquí, a simple vista, puede apreciarse el primer problema: la mayoría de los ladrillos que se pueden adquirir en el mercado nacional miden entre 21 y 22 cm de largo, 4,5 de espesor y 11 de ancho.

Las diferencias en las dimensiones del ladrillo afectan sin duda al costo de la obra si tenemos en cuenta que para una pared de un metro cuadrado serían necesarios cerca de 60 ladrillos que respetan las medidas establecidas en la norma, contra casi 100 ladrillos que no cumplen las dimensiones detalladas.

Casi de manteca

La resistencia a la compresión es la característica más importante para un ladrillo. Sin embargo es la que menos parecen cuidar los productores de este material de construcción. Para la clase A, la norma establece que debe ser en promedio como mínimo de 90 kilogramos por centímetros cuadrado; para la clase B, de 70 Kg; y para la C, de 50 kg como mínimo.

Según un ensayo de resistencia realizado en el laboratorio de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Asunción, con muestras de ladrillos comunes adquiridos en distintos depósitos de materiales del área metropolitana (ver infografía), arroja que la mayoría no llega a cumplir las especificaciones establecidas para la clase C, revelando que los ladrillos no tienen la resistencia adecuada.

Incluso la misma prueba realizada a un ladrillo obtenido de la demolición de una vivienda construida en los años 50, que cumple con las dimensiones de la norma, arroja como resultado, menor resistencia a la estipulada para la categoría C.
La resistencia a la compresión depende mucho del tipo de arcilla empleada, la dosificación de la mezcla, y la forma de cocción que ha tenido. A veces los productores obtienen la materia prima de diferentes zonas con lo cual podrían presentar diferencias significativas en la composición del ladrillo.

A veces, incluso en una misma partida de ladrillos, algunos no están bien cocidos, por haber quedado en algún extremo o en el centro del horno, donde no llegan a quemarse bien.

Descontrol

Los resultados del ensayo dan cuenta que ladrillos que no cumplen las normas técnicas están siendo utilizados en construcciones que se levantan a lo largo y ancho del país, bajo un absoluto descontrol.

En países como Brasil y Argentina, las empresas productoras deben presentar a organismos públicos de control certificados periódicos de ensayos que garanticen la calidad de los productos que están comercializando.

En nuestro país no hay regulación al respecto y la normativa existente solo sirve para dar especificaciones pero no alcanza para ejecutar algún tipo de control.

Fuente ABC Color

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