Resumen: este extracto del libro Principia Architectónica de Alberto Campo Baeza, publicamos como un llamado de atención a los arquitectos/as que abordan el tren de la arquitectura sostenible como indicador al camino correcto hacia una arquitectura apropiada sostenible y no al de una arquitectura marketinera sostenible o sustentable. Saber incorporar técnicas que combinan la naturaleza en su estado primario con técnicas tradicionales constructivas, mediante criterios de confort, eficiencia, etc en busca de un beneficio y no por un resultado formal estético o de moda.

De la relación de la arquitectura con la naturaleza

“La Arquitectura no es parte de la Naturaleza, ni siquiera de la mejor, de la más exquisita. Y menos aún es su reflejo, lo que finalmente llevaría a una burla de la ley de la identidad. Con una libertad estremecedora la Arquitectura se instala en un campo de acción interpretando la Naturaleza”.

Estas palabras de Osip Mandelstam, parecería que están dichas para muchos de los arquitectos que hoy discurren por el mundo haciendo lo contrario. Si no se habla de naturaleza, o de sostenibilidad, o no se plantan vegetales en los edificios, estos arquitectos que se dicen modernos, no se quedan tranquilos. Se parecen a los dueños de los restaurantes orgánicos que han proliferado en todo el mundo en estos últimos años. Todo lo que no es orgánico, dicen ellos, mata.

La Arquitectura ha sido, es y será siempre artificial. Artefacto, arte hecho.

Artificial y artefacto son palabras más que adecuadas para encuadrar aquello de lo que la Arquitectura trata. De hacer algo que es producto de la Razón, del pensamiento del hombre. Y esto es algo muy diferente de lo que la Naturaleza nos propone. Aunque dialoguemos con ella. Aunque amemos profundamente la Naturaleza. Porque toda Arquitectura que se precie establece una relación perfecta con la Naturaleza. Desde la Villa Rotonda de Palladio a la Ville Savoye de Le Corbusier. Pero si esto no les basta incluiremos en nuestra próxima bibliografía para los estudiantes el “De rerum natura” de Tito Lucrecio Caro. Pero eso sí, sobre la misma mesa, una imagen del Panteón de Roma.

El hormigón y el acero más sofisticados proceden de la naturaleza. El artificio, la tecnología, no hace más que transformar la naturaleza por mor de la cabeza del hombre, de la razón. Y el vidrio, ese milagroso material que concede la transparencia absoluta y que deja pasar los rayos del sol sin tocarlo ni mancharlo, como un milagro, proviene de la sílice de las arenas de los ríos o de los mares. La misma arena que acaricia nuestros pies desnudos en las playas. Vidrio, acero y hormigón: los tres materiales más modernos, que han hecho posible la Arquitectura contemporánea, proceden, lógicamente, de la naturaleza.

NATURALEZA

Hay ahora una cierta corriente de arquitectos que quieren entender, vano intento, que Arquitectura y Naturaleza son lo mismo. Y se disfrazan, ellos y su arquitectura, de plantas. Unas veces hacen jardines verticales en las paredes medianeras de los edificios. Otras cubren de plantas las azoteas con lo que llaman “cubiertas vegetales”. Como si no hubiera tierra suficiente en el mundo para plantar. Y otras cubren el edificio por completo de vegetación. Azoteas y paredes y lo que sea, incluso a ellos mismos, como si de un uniforme de camuflaje para una guerra inexistente se tratara. Todo “contra natura”, todo difícil, todo caro, todo con problemas de mantenimiento.

Y todo demagógicamente popular.

Si se hojean las revistas de Arquitectura de estos últimos años se verá que están repletas de este tipo de cosas. Y todavía más, la llamarán “arquitectura sostenible”. Sostenible con un esfuerzo económico enorme.

Otra cosa distinta de este forzar la Naturaleza con la pretensión de llamarla arquitectura es el dialogar con ella. Porque ese dialogar con la Naturaleza es lo que siempre ha hecho muy bien la buena Arquitectura.

La Villa Rotonda, empezando por la elección del lugar topográficamente adecuado, hasta sus últimos detalles materiales y formales, es un canto a la Arquitectura en su relación con la Naturaleza: presidiéndola, referenciándola, poniéndola en valor, dialogando con ella.

Y lo mismo se puede decir de la Casa Farnsworth de Mies van der Rohe. La transparencia y continuidad espaciales allí resueltas se plantean por estar precisamente inmersa en un bosque maravilloso que se convierte en protagonista de esa operación. Los pilares equidistantes establecen el orden del espacio aportándole escala y ritmo. Se diría que son casi una abstracción de los árboles de ese bosque, filtrada y racionalizada por el arquitecto. La plataforma elevada a la altura de los ojos, cual si de una balsa se tratara, deja pasar a la Naturaleza bajo ella. La absoluta transparencia de sus grandes vidrios hace que la operación sea perfecta. No se le hubiera ocurrido jamás a Mies hacer una cubierta vegetal “para fundirse mejor” con esa Naturaleza circundante.

Luis Barragán levanta la Casa Gilardi 2 alrededor de una jacaranda cuyas flores moradas ponen el contrapunto adecuado a las paredes de color rosa y rojo y azul. Sublime. Poniendo en valor la Naturaleza de la manera más lógica y delicada. Tanto que nos será difícil desligar la imagen de esa casa de la del árbol. Tan integrado está.

Cuando Le Corbusier sube un árbol a una cubierta, y hace que le hagan una foto que ya nunca pudo destruir, no hace más que mostrar esa tentación naturalista. Visto el resultado, eliminó inmediatamente el árbol de aquella cubierta. Tan “contra natura” era.

Y es que la Naturaleza, el diálogo con ella, ha sido siempre fuente de la Arquitectura. No en vano San Agustín, platónico de pro, decía que “la Naturaleza es la mayor maestra de la verdad”.

Extracto del Libro Principia Architectónica

Alberto Campo Baeza

Autor/es: , ,

Loading Facebook Comments ...
Te gustó el contenido de este sitio? Suscribite aquí y recibirás períodicamente las nuevas publicaciones en tu e-mail.

Vea también...