Un Bosque en la Casa


Autor: Equipo de Arquitectura
Sitio Web: https://www.instagram.com/equipodearquitectura/
Profesión: Arquitecto/a
Proyectista: Horacio Cherniavsky, Viviana Pozzoli
Cliente: NN
Colaboradores: Fabiana Godoy, Andrés Riera, Daniela Callizo, Camila Rojas, Milagros Egüez
Construcción a cargo: Constructora
Ciudad/Departamento: San Bernardino, Paraguay
Fotografo/Render:
Idea / Resumen: Fotografías:Federico Cairoli

"Cuando se repite la frase 'los árboles nos impiden ver el bosque', es posible que no se comprenda su significado exacto. Quizás la burla que se esconde tras la frase se vuelva en contra de quien la pronuncia. Los árboles no nos dejan ver el bosque y, gracias a ello, el bosque existe. La misión de los árboles visibles es hacer que el resto permanezca latente, y solo cuando nos damos cuenta de que el paisaje visible esconde otros paisajes invisibles nos sentimos dentro de un bosque." — Meditaciones sobre el Quijote. Profundidad y superficie — José Ortega y Gasset (1914)

Existe una profunda similitud entre la arquitectura y la música. No en su manifestación final, sino en el proceso inicial de composición. Si bien la música es el arte más abstracto y la arquitectura lo opuesto, la manera en que ambas disciplinas se componen comparte numerosos puntos en común.

Bill Evans, pianista de jazz por excelencia y referencia fundamental para los autores, lo expresaba así en una entrevista: "El jazz es un proceso concreto que no es intelectual. Utilizas tu intelecto para descomponer los materiales, aprender a comprenderlos y aprender a trabajar con ellos. Pero, en realidad, se necesitan años y años de práctica para desarrollar la habilidad necesaria para poder olvidarte de todo eso, relajarte y simplemente tocar."

Creemos que el proceso inicial de composición de un proyecto arquitectónico se conecta y resuena con lo que plantea Evans. El jazz utiliza una base como estructura para definir los límites de la música; dentro de ese marco, los instrumentos se turnan para improvisar o acomodarse intuitivamente en una estructura preexistente. Los silencios son tan importantes como las notas, y el ritmo es el que organiza la distribución de los sonidos en el tiempo. En este proyecto, el límite está dado por el borde perimetral del techo, que define el alcance de la construcción. En su interior, los llenos y vacíos configuran el espacio y el programa de la vivienda en estrecha relación con las preexistencias naturales.La luz natural va definiendo el tiempo en la experiencia de la obra, produciendo sombras y atmósferas cambiantes, similar a lo que hace John Abercrombie en Timeless. El viento que atraviesa el espacio y barre las hojas puede evocar los cepillos de Philly Joe Jones junto al Miles Davis Quintet.

Un Bosque en la Casa propone un enfoque alternativo para armonizar la forma construida con su entorno natural. En lugar de tratar los árboles existentes como obstáculos, el proyecto los asume como guías fundamentales que dan forma al programa espacial.

Los árboles delinean la relación entre los espacios ocupados y los vacíos, liberando a la estructura de los sistemas de grilla convencionales y estableciendo un ritmo dinámico que refleja los patrones de la naturaleza. Esta disposición no ortogonal de los pilares contribuye a la estabilidad lateral de la estructura. Los volúmenes sólidos se construyen utilizando bloques de tierra comprimida (BTC), lo que refuerza el compromiso del proyecto con un diálogo material con el paisaje.

Los elementos estructurales verticales se disponen cuidadosamente entre los árboles. Al alinearse de modo que eviten interferir con las raíces, se retraen visualmente y se integran en el fondo, fundiéndose con la lógica natural de los troncos circundantes. Esta integración consciente genera un diálogo en el que artificio y naturaleza hablan un mismo idioma.

La composición espacial se desarrolla a través de dos planos horizontales diferenciados. El plano principal, el suelo, se eleva sutilmente, permitiendo que las raíces de los árboles evolucionen libremente con el tiempo. En paralelo, el plano secundario, el techo, replica esta geometría para conformar una terraza que invita a los ocupantes a disfrutar de vistas panorámicas de las copas. En última instancia, el proyecto imagina un futuro en el que las fronteras entre arquitectura y naturaleza se disuelven: un futuro en el que el entorno construido resulta tan orgánico como su contexto natural. Esta visión no solo propone una solución espacial diferente, sino que ofrece también un recordatorio del potencial de coexistencia y equilibrio. Así, en unísono, todos los elementos de la vivienda componen una big band que, según la estación o la hora del día, interpreta la música que mejor acompaña la experiencia.