Salvador Rueda: Asunción crece, pero ¿se está convirtiendo en una mejor ciudad?


La visita a Asunción del urbanista y ecólogo español Salvador Rueda, creador del modelo de las supermanzanas y uno de los principales referentes del urbanismo contemporáneo, dejó mucho más que una conferencia. Sus observaciones sobre nuestra ciudad invitan a preguntarnos si el crecimiento inmobiliario que vivimos durante la última década realmente está construyendo una mejor ciudad o simplemente está transformando su paisaje sin mejorar su calidad urbana.

¿Estamos construyendo una ciudad para las personas o para los vehículos?

Los indicadores de movilidad, la forma reciente del crecimiento urbano y la ocupación del espacio público sugieren que la ciudad ha priorizado el automóvil por encima del peatón. En los últimos años he escrito sobre distintos problemas urbanos de Asunción, como la pérdida de identidad de sus barrios, el crecimiento sin infraestructura, la degradación del espacio público, la expansión de los «no lugares» descritos por Marc Augé y, recientemente, la pérdida de legibilidad urbana siguiendo las ideas de Kevin Lynch.

Lo interesante de la visita de Rueda es que, aunque proviene de otra tradición académica, muchas de sus conclusiones convergen con estos diagnósticos. Cuando afirmó que recorrer la avenida Molas López y observar edificios rodeados de cinco niveles de estacionamientos «no es ciudad», estaba señalando un fenómeno que trasciende esa avenida.

El problema no son los edificios, sino el modelo urbano que representan. Estamos llenando la ciudad de edificios, pero no necesariamente de vida urbana. Construimos metros cuadrados, pero no siempre espacio público, vida barrial ni lugares de encuentro. Durante la última década Asunción experimentó una de las mayores inversiones inmobiliarias de su historia reciente, torres residenciales, corporativas, ejes de desarrollo, pero el crecimiento físico no estuvo acompañado por la construcción de ciudad.

Rueda lo resumió con una frase: «una ciudad empieza cuando hay espacio público.»

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Una ciudad no funciona únicamente porque tenga viviendas, oficinas o comercios. Necesita una masa crítica de actividades que haga posible que las personas permanezcan, caminen, conversen, compren y utilicen el espacio público. En muchos sectores de Asunción ocurre exactamente lo contrario. Las plantas bajas fueron reemplazadas por estacionamientos, los retiros aumentaron, las veredas quedaron vacías, las distancias crecieron, y el automóvil terminó ocupando el espacio que antes pertenecía al ciudadano.

La ciudad para los autos produce ciudadanos que ya no caminan.

Más de la mitad de los desplazamientos metropolitanos se realizan en automóvil privado, mientras el transporte público pierde usuarios y el peatón continúa siendo el actor más vulnerable del sistema. Como señaló Rueda, dejamos de ser ciudadanos para convertirnos en conductores.

Pero Asunción enfrenta un problema adicional

En Asunción existe otro fenómeno menos estudiado que agrava la situación es la pérdida progresiva de la legibilidad urbana. Kevin Lynch definía la legibilidad como la facilidad con que los ciudadanos pueden construir un mapa mental coherente de su ciudad. Ese mapa depende de hitos, barrios reconocibles, bordes, nodos y recorridos claros.

Después de años recorriendo la ciudad y analizando su evolución, tengo la impresión de que Asunción está perdiendo precisamente esos elementos. La proliferación de cartelería comercial, estaciones de servicio, supermercados, farmacias, edificios corporativos y desarrollos inmobiliarios de lenguaje genérico está produciendo un paisaje cada vez más homogéneo. Las avenidas comienzan a parecerse entre sí y muchos barrios pierden las referencias que históricamente les otorgaban identidad. El resultado es una ciudad más difícil de leer y, por lo tanto, más difícil de recordar y recorrer.

No se trata únicamente de una cuestión estética, cuando el paisaje urbano deja de transmitir identidad, también se debilita nuestra capacidad para orientarnos y para reconocer la ciudad como propia.

Sería un error interpretar estas críticas como una oposición al desarrollo inmobiliario. Las ciudades necesitan densificarse y necesitan atraer inversiones. Pero crecer no significa construir indiscriminadamente. Significa hacerlo dentro de un proyecto urbano capaz de integrar infraestructura, movilidad, espacio público, paisaje y calidad ambiental.

Durante años Asunción flexibilizó su planificación mediante modificaciones sucesivas del Plan Regulador y autorizaciones particulares que terminaron fragmentando la visión de conjunto. El resultado no es solamente una ciudad congestionada, es una ciudad cuya imagen comienza a perder coherencia.

¿Las supermanzanas son la respuesta?

No por sí solas. Las supermanzanas no deberían entenderse como una receta exportable. Barcelona posee una densidad, un sistema de transporte público y una institucionalidad muy diferentes a los de Asunción. Copiar literalmente ese modelo sería un error, lo verdaderamente valioso de la propuesta de Rueda no son las supermanzanas en sí mismas, es el cambio de paradigma que representan. Volver a diseñar la ciudad desde la escala del peatón, recuperar el espacio público como lugar de encuentro. Reducir la dependencia del automóvil e incorporar la naturaleza como infraestructura urbana.

La visita de uno de los urbanistas más influyentes del mundo confirma parte del diagnóstico que venimos observando en Asunción, pero también permite ampliarlo desde la perspectiva de la legibilidad urbana y la identidad del paisaje.

La pregunta que dejó Rueda sigue vigente: ¿queremos una ciudad para los autos o una ciudad para las personas?

Habría que agregar una segunda.

¿Queremos una ciudad que simplemente siga creciendo o una ciudad capaz de seguir siendo reconocida por quienes la habitan?

Salvador Rueda nos recuerda que una ciudad debe construirse para las personas, así mismo, Kevin Lynch nos enseñó que, además, debe poder ser comprendida y recordada por quienes la habitan. Asunción necesita ambas cosas. Necesita recuperar el espacio público, pero también reconstruir una imagen urbana coherente que devuelva identidad a sus barrios y referencias a sus ciudadanos. Porque cuando una ciudad deja de ser caminable pierde calidad de vida; pero cuando deja de ser reconocible, empieza también a perder parte de su memoria colectiva.

Arq. Nicolás Morales Saravia
Arquitecto y Docente FADA UNA
Magister en E.S.U.
Consultor en Construcciones Sostenibles PYGBC
Diplomado en Urbanismo y Medio Ambiente (USAL)
Dimplomado en Patologías por Arquimétodo.
Miembro del Colegio de Arquitectos del Paraguay.
@bioconsarquitectos