El Plan Director de Reasentamiento Involuntario (PDRI) es el marco rector de la gestión social del Programa Reconversión Urbana, Modernización del Transporte Público Metropolitano y Oficinas de Gobierno, “una guía con criterios y acciones enfocados en las personas asentadas en el área de influencia del proyecto”, explica Caren Kremer, coordinadora social del Programa.

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Su principal objetivo es reducir los impactos de orden socioeconómico que, a causa del proyecto, puedan tener las personas ubicadas dentro del área de influencia. “Se toman en cuenta tanto las personas que deben relocalizarse en otro lugar, como también todas aquellas con un negocio, trabajo o vivienda dentro del corredor”, advierte Caren.

“Desde el área social buscamos mantener las condiciones y modo de vida que tienen las personas previo a las obras y, en lo posible, generar impactos positivos”.

Próximamente se iniciarán las obras de los tramos 2 y 3, el corredor central, comprendido entre el campus de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), en San Lorenzo, y las calles Pettirossi y General Aquino, en Asunción. En un primer subtramo, las obras irán desde el campus de la UNA hasta la calle Pastora Céspedes.

El primer paso fue la realización del censo que, en este primer subtramo, permitió identificar dieciocho puestos de venta fijos en espacio público, alrededor de ochenta comercios frentistas, y viviendas. “Relevamos las expectativas de estas personas con relación al proyecto, y realizamos una caracterización socioeconómica de cada una. De esta manera, podemos plantear medidas de mitigación para cada caso”.

Las acciones planteadas a partir del diagnóstico están pensadas y diseñadas en función de los rasgos del negocio y hasta de la composición del grupo familiar. Se considera, asimismo, las características de la construcción en cada punto. “Las medidas se adaptan al entorno”, enfatiza Caren.

Es así que las acciones propuestas dependen directamente de las características de la obra en cada tramo, del tipo de afectación y de las condiciones sociales y económicas de cada persona.

“El trabajo del equipo social genera también una retroalimentación para el área técnica”, define Caren. De esta manera, las intervenciones se adaptan también a las necesidades de la gente afectada. Las fases de obras fueron planificadas en de entre 1 a 2 kilómetros aproximadamente, con el objetivo de lograr mayor eficiencia en los tiempos previstos de obra y liberar en el menor tiempo posible cada subtramo.

El proceso de intervención comprende las fases de censo, diagnóstico, propuesta de medidas, socialización e implementación. “Cuando todas las etapas se han cumplido, podemos decir que esa área está preparada para iniciar la obra”.

Fuente MOPC

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